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"Con
la misma magia que siempre... Pero con más locura
que nunca!"
Y acá estamos otra vez. Con un nuevo reporte
del ya clásico AET de Primera.
Aquel que se inaugurara en el año 2001 describiendo
las sensaciones de las fiestas en donde (lo que todavía
no sabíamos que se estaba gestando y se iba a
llamar...) el AET, era parte.
Nuevamente nos toca describir todo aquello que es indescriptible.
Todo aquello que no puedo dejar de decir pero sobre
lo que tampoco puedo abundar, porque Uds. ya lo saben,
lo sienten, lo viven.
Sólo basta que inicie un renglón para
que el resto surja en el alma de cada uno de uds., sin
necesidad de ver terminar el párrafo.
Porque el AET provoca una memoria sensorial.
Uno no se acuerda de una palabra, uno se acuerda sensaciones...
Si hubiese habido una comisaría AETeana en la
fiesta, hubiésemos estado todos tratando de justificar
que en realidad no nos hurtaron una mirada, sino que
simplemente la ofrecimos, la intercambiamos, la dejamos
a quien la necesitaba o la merecía.
Todo arrancó bien desde el comienzo comandado
por el Dj Hernán Cerbello, manejando el ritmo
de la fiesta con la sutileza de siempre y la fuerza
justa y necesaria, como una bomba que hacía tic
tac, cada vez más rápido y más
fuerte a punto de explotar.
Nuevamente, el punto de inflexión de esta intersección
en el camino de todos nosotros, que se llama AET, fue
la canción oficial, el himno del AET, Break the
Silence una vez que ya tenía el poder de las
cabinas Luis Callegari.
Vi cientos y cientos de personas abrazadas, agarradas,
agachadas mientras se escuchaba de fondo:
Ahhooooooraaaaaa...
Entieeeeeeeendoooo...
Tooooooooooooddddooooo.
Los vi esperar esas tres letras(como el preparados,
listos, YA, de una carrera de nuestra infancia) A-E-T-¡!!!
para soltar toda la alegría que tenían
en el cuerpo, toda la energía guardada durante
tanto tiempo para condensarla con la de todos los demás
en esta AET, que es de todos, y saltar por el aire en
cuerpo y alma.
Y vino esa tormenta blanca de cotillón que es
marca registrada AETeana junto al tema del AET.
Y Vi como miles y miles de estrellitas se encendían
ante la mirada de todos, que se cruzaban entre sí,
como diciendo: ¿habrá alguno que no haya
tenido una estrellita encendida en algún momento
de la noche?.
Y entonces, aparecieron los globos. Con una trilogía
de palabras que resumen un poco todo esto: Emoción,
Explosión, No hay techo!
Pero hubo un momento especial.
Ya todos lo saben. Saben de qué estoy hablando,
sienten el mismo cosquilleo que empiezo a sentir, y
valga la paradoja, se me pone la piel de gallina, al
tener que hablar de esas plumas blancas...
De repente las luces se encendieron.
De repente nuestro Dj, Luis Callegari, puso el freno
de mano a ese auto de fórmula 1 que era la AET
11 y la fiesta coleó, resbaló...
Y se empezó a escuchar un tema lento, tranquilo,
suave...
Ya el sonido dance estaba atrás, aunque repiqueteando
en nuestras cabezas, pero de a poco esa canción
se apoderó de todo.
Y las plumas cayeron, casi como inevitablemente.
Algunos miraron para arriba y creyeron ver el cielo.
Las plumas blancas quedaron suspendidas en el aire...
Todos se miraban atónitos.
Algunos no pudieron balbucear palabra alguna.
Son plumas!!!
Y se dejaban rozar por la sencilla experiencia de una
lluvia suave y tenue de plumas blancas.
Pero cuando todo era suavidad, el auto de fórmula
1 arrancó como nunca (pero en realidad como siempre)
y la música dance volvió a apoderarse
del planeta AET, ya el tema lento y las plumas habían
quedado en el camino, seguían dando vuelta en
nuestras cabezas como la polvareda que deja un auto
al arrancar de golpe, y la fiesta siguió así
hasta el final.
Fue como salir a tomar aire y volver.
Fue como sumergirse en una pileta y volver a la pista.
Fue como en momentos de máxima pasión...
tomarse un respiro para volver al descontrol de las
sensaciones.
Uds. saben de qué les hablo!
Y fue así hasta el final.
El final...
Justamente con la canción de The Clash.
Alguno habrá notado la sutileza...
La fiesta tenía que terminar antes de lo que
estamos acostumbrados. Y la canción era una síntesis
de lo que todos sentían en ese momento.
Debería quedarme o debería irme...???
Se preguntaba la canción y nos preguntábamos
nosotros los que hacemos la AET, cuando sabíamos
que tenía que terminar, pero entendíamos
que no podía terminar así, ya, tan pronto...
Las dos cosas eran ciertas, porque todo tiene que terminar,
pero deberíamos haber seguido porque era un final
memorable.
Por eso el regalo final de nuestro dj residente, aquella
canción que todos coreaban, que yo le pedía
como uds. a Luis y que Luis no quería poner pero
puso por uds. para terminar saltando sin parar coreando
la canción con la que había terminado
la última AET en Pachá.
Porque el AET esta pensado para uds. y para nosotros,
que como rara vez en lo que es todo esto, es lo mismo.
Esta fue una AET especial. Una AET Limitada. Pero de
una manera especial, distinta, como siempre pasa con
el AET.
Era limitada en cantidad de gente, ilimitada en la pasión.
Era limitada para los que se acercan a vivir la aventura
AETeana, pero ilimitada para los socios y todos aquellos
que nos siguen desde el mismo momento que el AET nacía
y seguirán al lado nuestro con la misma felicidad
el día que esto se termine como lo que es hoy,
y vuelva a ser la fiesta íntima de unos cuantos
amigos con ilusiones quijotescas que supo ser y quiere
mantener a pesar de la explosión que genera hoy
en día, fiesta tras fiesta.
En esta AET estuvieron los que tenían que estar,
y los que se morían de ganas de vivir una AET
así.
Incluso, como siempre y contra la opinión de
los que ya tienen ganado un lugar en el corazón
de las fiestas AETeanas, se dejó un lugar para
los que todavía no son socios o no cercanos al
AET y posiblemente algún día lo sean.
Por eso una cantidad de entradas anticipadas a la venta,
pero no más de un número prefijado, para
evitar colas, empujones, y que venga más gente
de lo que la paciencia y la alegría que se vive
en el AET puedan soportar.
Se colmó la capacidad del lugar y no se vendieron
entradas en la boletería como habíamos
prometido, evitando que pase lo que generalmente pasa
en una fiesta así, que haya más gente
que lugar y que no se pueda disfrutar de la misma manera.
La fiesta vivió la misma pasión y explosión
de los grandes festivales del mundo, las 1.600 personas
que vinieron parecían diez veces más cuando
explotaron papelitos metalizados desde el cielo o cuando
la fosforescencia de las miradas se confundía
en los tubos fluo que muchos se pusieron en la cabeza
y lucían como una corona AETeana, simbolizando
lo que son estas fiestas, en donde cada uno es el rey
de la misma, compartiendo ese mismo reinado de la felicidad
con los demás.
Si tuviese que poner cara de lo que significa una AET
no pondría cara de alegría, sí
pondría cara de alegría para describir
lo que son otras fiestas electrónicas.
Y esto es porque una fiesta cualquiera puede significarse
con sonrisas, mientras que una AET supera con mucho
todo medio de poder expresar lo que allí se siente.
Una AET podés intentar describirla, pero nunca
vas a lograr describirla en su totalidad, porque es
colosal, es una invasión de felicidad y adrenalina
en el reino de la monotonía.
La AET solamente puede definirse a sí misma.
Es un mundo en donde la oscuridad tiene los ojos abiertos
y no hay nada temeroso y el camino es recorrer los cauces
de las propias fantasías.
En conclusión, no hay palabras para definir lo
que fue la AET 11, sólo recuerdo sonidos y movimientos,
miradas y abrazos, la AET 11 fue limitada en cantidad
de gente pero no en la energía que se derrochó,
cada uno formaba un todo que hacía florecer una
danza sagrada de pasión, emoción y magia,
mucha magia... ¿Cuál magia?
La misma magia de siempre...
Pero con más Locura que nunca!!!
Socio 1 del AET.- |
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Todos los que tengan fotos o videos de una AET y quieran
publicarlos, pueden enviar el material a info@aetlink.com |
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