"La Bandera AETeana"
En poco tiempo más, volveremos a vivir un nuevo capítulo de esta ilusión AETeana. Volvemos a juntarnos, volvemos a vernos las caras, volvemos a vivir un feriado AETeano, aquél en el que nos encontramos todos en una nueva jornada de celebración, un día como en el que nos toca vivir esta vez, un día que será el día de la bandera AETeana.
Pero la bandera AETeana tiene una particularidad. Es grande, es muy grande, tan grande que jamás una sola persona podría enarbolarla.
Es grande como la ilusión, es grande como la honestidad, como la responsabilidad, como la pasión y como el espíritu aventurezco de cada uno de los AETeanos, con el cual encaramos cada una de las cosas de nuestras vidas.
Pero no es grande de casualidad. Es grande por la sencilla razón de obligarnos a llevarla entre todos, por la necesidad de necesitar a los demás para poder levantarla pero por elección. Porque algunos sufren cuando necesitan a alguien… pero un AETeano lo disfruta, porque sabe que lo más importante es tener la gran capacidad de sentir, aunque ese sentimiento sea o no correspondido, porque es sentir lo que nos hace diferenciarnos de aquellos que viven su vida como si no estuvieran vivos.
La bandera AETeana no es como el resto de las banderas, es invisible. Invisible a los ojos, pero no a la percepción, no a la intuición. Ni siquiera importa si se puede elevar con la sola voluntad de una sola persona, porque si así fuera, ya no tendría sentido y sin lugar a dudas ya no nos interesaría enarbolarla.
Por eso recuerdo con cierta mueca de nostalgia las primeras banderas que espontáneamente, una a una, fueron apareciendo, llevadas orgullosas por cada uno de nuestros seguidores.
Recuerdo aquél día que los que los socios del AET no olvidarán jamás, aquella fiesta semi secreta, en donde cada uno de los socios del AET hizo una bandera y en algún momento de la noche todos elevaron la suya y la escena se cubrió de cientos de mensajes del corazón.
Cada uno a su manera, cada uno con sus posibilidades, cada uno con su sensibilidad, cada uno con su muestra de agradecimiento, de cariño, de pasión, de emoción, y de ilusión... cada uno lleva nuestra bandera como su bandera.
Cada uno de los AETeanos ha hecho de la forma de encarar la vida una bandera propia, que también es nuestra bandera, la bandera AETeana.
Por eso festejemos en el feriado del día de la bandera, el día de la bandera AETeana, aquella que cada uno lleva con el peso del orgullo y con la fuerza de la convicción, la que algunos llevan en la piel, en cada tatuaje, la que algunos lleva en los ojos, en cada mirada romántica, la que otros llevan en el alma, y algunos en su corazón, aquél en el que se advierte el rojo de la pasión, rodeado de lunas blancas, formando un sol que en forma de símbolo de la búsqueda de la felicidad late y late, y sigue latiendo, cada vez con más fuerza, con la misma magia de siempre, pero con más locura que nunca!!!
Fernando, Socio 1 del AET.-
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