"Muchas veces uno puede estar a miles de kilometros y estar mucho más cerca que dos personas que se encuentran una al lado de la otra. Esto no sólo lo aprendí, sino que lo viví junto a una de las personas más importantes en mi vida, un AMIGO. Era 28 de Diciembre del 2007 (AET 28) y en Argentina se celebraba una vez más otro episodio de la fiesta que rinde tributo a la AMISTAD. Sin embargo, las fechas habían predispuesto que nosotros dos estuvieramos fisicamente a más de 8000 kms de distancia, en Miami. Debido a la diferencia horaria en nuestro país, la noche había comenzado antes pero no por eso significaba que desde el norte nuestros corazones no cesaban de palpitar por un doble sentimiento "Alegría-Tristeza".
Alegría xq sabíamos que nuestra familia de elección (es decir nuestros amigos) iban a estar una vez más haciendo de NUESTRA FIESTA, NUESTRA ROSA (para los seguidores del principito) aquella que es única porque nosotros la hacemos ÚNICA, porque la amamos. Que iban a estar sorprendiéndose unos a otros, regalando abrazos, sonrisas, miradas cómplices y palabras de alegría y, de ser necesario, de consuelo. Que iban a repetir una vez más lo que nosotros que estabamos "lejos" vivimos desde la AET 16.
Tristeza, xq no íbamos a poder ser testigos presenciales directos de todas esas muestras de cariño y afecto entre toda esa gente que amamos. Por supuesto que esa tristeza era efímera en comparación al sentimiento anteriormente descripto.
Sin embargo, no pensábamos dejar de festejar, no pensábamos dejar pasar por alto una nueva oportunidad que la vida nos da, en cada AET, de decirnos a nosotros mismos que no debemos olvidarnos nunca de ser felices, una nueva oportunidad para estar al lado de los que nos hace bien estar, a pesar de la distancia, al lado de los que nos devuelven una sonrisa de alegría ante nuestra felicidad y un abrazo de contención ante la necesidad de afecto.
Si bien para algún otro de mirada convencional sobre la vida la ecuación era sencilla: no estamos en el país, no podemos ir a la AET; para nosotros, los que entendemos el concepto AET, el cual va más allá de lo que es la fiesta en si misma, la cosa era diferente. No nos quedamos con la imposibilidad física de concurrir al evento, buscamos la posibilidad sentimental de hacerlo. Porque lo físico tiene límites, el amor no…
Por eso nos propusimos vivir la AET así como lo hacían nuestros amigos, aunque claro, sería de manera distinta. Fue para nosotros una noche de charlas, carcajadas, lágrimas y más risas como homenaje a esa noche importante que acontecía a kilómetros de distancia y en la que estaban nuestros afectos. Pero había algo más…
Gracias a la magia de la tecnología en comunicación contábamos con teléfono Nextel que nos iba a ser más que útil... y así fue que, cuando en Argentina nuestro dj residente, hacía sonar nuestro himno, el himno del AET, haciendo entender que el furor de la noche se encontraba en su apogeo, a unos 8000 kms en el hemisferio Norte se encontraban dos almas que como aquellas que estaban allá gritando y bailando al unísono con nuestros hermanos AETeanos, hacían lo propio desde otro lado del mundo sintiendo la conexión más allá de las presencias físicas; cada abrazo de ellos lo sentíamos en nuestro cuerpo, cada expresión de júbilo la vivíamos junto al grupo. Todo sucedía mientras el himno del AET viajaba desde Buenos Aires a Miami a través de un teléfono, sin pasaporte pero con exceso de equipaje, por la cantidad de amor que se transmitía en cada uno de los sonidos que llegaban desde allá. Cada gesto mínimo se vive y se valora mucho más aún a la distancia. El solo hecho de que ellos desde allá se hayan acordado de nosotros y hayan preparado esa sorpresa le daba razón a todo lo que estábamos viviendo. Apretar ese botón que nos abrió las puertas de la percepción de los sentidos fue el resúmen de todo lo que sentíamos mutuamente. Esto sucedió a lo largo de toda la noche; tuvimos nuestras charlas a distancia, nuestros chistes y también estuvieron las sorpresas de siempre, las que preparamos unos para otros, aunque esta vez no las podíamos recibir materialmente (cosa que no importaba) pero por sobre todas las cosas, nos hicieron sentir que nuestra presencia se encontraba junto a ellos. Y si bien podemos decir que fue una manera distinta de festejar una AET, fue una lección que nos enseñó que la presencia es mucho más que estar físicamente en un lugar, fue una manera de comprender que cuando las personas se aman, se entienden y se alegran por la dicha de los amigos nunca van a estar separados ya que todos conforman una misma familia y comparten una misma esencia.
Si alguna vez alguien vivió experiencia parecida sabe de lo que estoy hablando, y el que no, el día que le toque vivirla, va a recordar un pequeño relato sobre una AET que se vivió ni de mejor ni peor manera, simplemente diferente".